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La locomotora humana

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La locomotora humana Empty La locomotora humana

Mensaje por Jaime el Jue 07 Abr 2011, 18:45

Hace varios años, con motivo de unas olimpiadas, emitían reportajes de grandes leyendas del deportes y vi uno sobre un checo de la época de mariacastaña, del que ya me había hablado mi padre.

El 19 de septiembre de 1922 nació en Koprivnice un tal Emil Zátopek, en el seno de una familia humilde. Era el segundo de ocho hermanos. Casi podríamos decir que estrenó estado, pues hasta 1918 Checoslovaquia formaba parte del imperio Austrohúngaro.

Desde los 16 años trabajó en la fábrica de calzado Bata, que organizaba una carrera anual en la que corrían los vecinos del pueblo. Obligado a tomar la salida, pese a que no había participado en ninguna otra prueba, terminó segundo, empezando un idilio con las carreras de fondo.

Tenía un aspecto enclenque, 1,74 de estatura, 67 kilos de peso. No he visto en mi vida un atleta con un estilo tan peculiar, la cabeza muy levantada oscilaba de un lado al otro, los hombros ligeramente levantados, como encogidos y por delante de la cabeza, la espalda arqueada, cruzaba los brazos delante del pecho. Aunque lo peor era su cara de agonía, cada bocanada parecía la última. Un estilo tan curioso como aberrante.

Dejó la fábrica y se alistó en el ejército en 1945, después de la segunda guerra mundial.

Desarrolló un nuevo método de entrenamiento, el interválico, que consistía en correr distancias cortas (200 y 400 metros) a velocidad submaximal (un poco por debajo de la velocidad máxima), y entre los intervalos descansaba corriendo a menor velocidad. Su método y su estilo fueron objeto de mofas por parte de algunos entrenadores.

"Escuche que ese Paavo Nurmi, en una de hora, era capaz de correr cuarenta veces 400 metros en el tiempo óptimo. Yo pienso qué si hago sesenta veces 400, es más que lo que hacia entonces Nurmi, y luego recupero en una distancia corta, 100 metros, a velocidad lenta". Nunca se paraba, nunca descansaba. Entrenaba de noche, con pesadas botas y una linterna.

Hago un inciso para decir que Paavo Nurmi, "el finlandés volador", tenía 9 medallas olímpicas de oro en aquella época.

Fruto de la dureza del entrenamiento se ganó un nombre en su país al vencer, batiendo registros, varios campeonatos de 5.000 y 10.000 metros; el quinto puesto cosechado en los 5.000 metros del Europeo de 1946, lo situó en el panorama internacional.

En 1948 se celebraron los Juegos Olímpicos de Londres. Ante el asombro general corrió los 10.000 metros en 29 minutos, 59 segundos y 6 centésimas, estableciendo un nuevo record olímpico y ganando la medalla de oro. Se llevó también la plata en los 5.000 metros.

En los cuatro años siguientes, ganó el oro en 5.000 y 10.000 en el Europeo de Bruselas (1950), batió cinco veces el récord mundial de los 10.000 metros, una vez el de las diez millas, dos el de los veinte kilómetros y otras dos el de la hora y una el de los treinta kilómetros.

Llegó en plenitud a las olimpiadas de 1952 en Helsinki, a nivel deportivo y de popularidad. Fue la primera vez que se utilizó la grabación de sonido en cinta magnética, pero la Olimpiada no se pudo retrasmitir por la televisión finlandesa por que era un país muy atrasado (no llegó la televisión hasta 1957), sin embargo la población era muy entendida en atletismo. Su nombre coreado por el público ZA-TO-PEK-ZA-TO-PEZ, sonaba como el avanzar de una locomotora, una máquina inagotable que nunca se detenía.

Como era de esperar ganó facilmente los 10.000 con plusmarca.

Se presentó con dudas sobre la estrategia a seguir en los 5.000, la pista estaba en mal estado y los rivales eran peligrosos. Atacó cuando quedaban doscientos metros con el estadio coreando su nombre, adelantó al británico Chris Chataway, al francés Mimoun y a Herbert Schade de Alemania, para ganar por 4 metros de ventaja. En uno de los enlaces que pongo podéis ver el final de la carrera y escuchar lejanos los gritos del público.

Alentado por sus éxitos (y la medalla de oro en jabalina de su esposa), decidió competir en el maratón, prueba que nunca había corrido. Se consideraba imposible afrontar tres pruebas de semejante dureza en el plazo de una semana.

Después de presentarse a las estrellas de la competición (Jim Peter entre ellos), muestra de educación y respeto, tomó la salida con una estrategia conservadora (lógica por el desconocimiento la prueba). Obervó la táctica de los mejores y decidió unirse a Peters y a sueco Gustav Jansson a partir del kilómetro quince. “¿es suficientemente rápido el ritmo de carrera?” le preguntó a Peters, “el ritmo es demasiado lento”, contestó el británico. En el kilómetro 25 Peters abandona por calambres y Zatopek impone un ritmo diabólico que aleja a Jansson. Tenía tan controlada la carrera que saludaba a los aficionados que lo jaleaban. El estadio se vino abajo cuando entró. Cruzó la meta con una gran sonrisa en la boca.

Tres medallas de oro en pruebas de fondo en una semana. El maratón, hasta entonces considerada una prueba de excentricos, perdedores y solitarios, nunca volvió a ser igual, ganó en popularidad y se profesionalizó como el resto de las disciplinas.

Nadie ha igualado ese registro, nadie lo hará.

Un famoso columnista escribió: "Ese Zátopek corrió como con un péndulo sobre su pescuezo, su lengua carmesí pendía fuera, como si realmente lo estuvieran estrangulando."

Se convirtió en un ídolo de masas por la humildad, la cercanía con la gente y su nivel competitivo.

Naturalmente el régimen comunista que dictaba los pasos del país aprovechó el tirón.

En 1968 apoyó públicamente a Alexander Dubcek, por lo que fue expulsado del Partido Comunista y del ejército, en la conocida como Primavera de Praga (que pretendía una liberalización y alejamiento del totalitarismo del régimen comunista). Se dedicó entonces a trabajar de barrendero.

"Cuando le mandaron a limpiar las calles de Praga los vecinos reconocían a Emil, se asomaban a las ventanas y le ovacionaban, le aplaudían, bajaban ellos mismos sus cubos de basura y los volcaban en el camión. Tenía 46 años de edad, una escoba, un mono de trabajo, el pasado más glorioso del deporte checoslovaco y un castigo por haber apoyado públicamente en 1968 a Alexander Dubcek durante la conocida Primavera de Praga. Habían pasado más de tres décadas desde que Emil Zatopek se convirtiese en el corredor de fondo más importante de la historia del atletismo y continuaba siendo el personaje más popular de su país." (un tal Riaño).

Fue rehabilitado por el partido Comunista en 1975 después de retractarse.

Un expecional hombre, un deportista enorme.

Como colofón reproduzco una frase que puede resumir pensamiento:

"Un atleta no puede correr con dinero en sus bolsillos. Ha de hacerlo con esperanza en su corazón y sueños en su cabeza."

Final 5.000 Helsinki:

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Jaime
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